Cuando el mundo de la técnica sustrae nuestra esencia humana, cuando nuestros cuerpos se convierten en meras mercancías con las que trabajar, cuando la medicina se convierte en forma de gobierno y la tecnología en su instrumento principal, es hora de escupir unas cuantas verdades.

miércoles, 4 de mayo de 2016

Un mapa para acceder al cerebro




Durante el 2013 se ha iniciado el "Human Brain Projec"', un proyecto de investigación con el objetivo último, para los próximos 8 años, de llegar a crear una simulación informática del completo funcionamiento del cerebro humano. Un proyecto mastodóntico hecho posible únicamente por la financiación de un billón de euros destinada por la Comisión Europea en el marco de su programa “Tecnologías Futuras y Emergentes” (FET- Future and Emerging Technologies).



Las tecnociencias como inversión

Este programa representa una especie de “New Deal” del nuevo milenio: estimular más las convergencias científicas en ámbitos futuros, y por tanto arriesgados económicamente, para sacar fundamentalmente nuevas y lucrativas aplicaciones tecnológicas en el campo social (léase control sobre la sociedad) y económico. Los proyectos a concurso para obtener esta enorme financiación fueron seis, cada cual más inquietante que el anterior. Como denominador común todos tenían eso de la convergencia tecnocientífica para desarrollar nuevas tecnologías "revolucionarias" para la distopía que estamos viviendo. Como ejemplo, uno de los proyectos a concurso se pone como objetivo el reconstruir virtualmente todos los procesos biológicos del cuerpo humano, para crear un modelo de paciente standard universal, personalizable modificando simplemente las características anatómicas, fisiológicas y genéticas (1). Por otro lado, otro proyecto delirante de los del concurso, trata de recoger el mayor número de datos posible sobre el estado del planeta tierra, para desarrollar un simulador capaz de predecir las evoluciones sociales, “medir y mitigar las crisis, identificar oportunidades en áreas específicas” y proveer un apoyo en la toma de decisiones en el ámbito político, económico y social (2). Entre todos estos proyectos, han despuntado dos. Una investigación nanotech sobre el grafeno y, justamente, el proyecto estrella de la neurociencia: recrear un cerebro virtual biológicamente preciso.


Proyectos decididamente ambiciosos pero sobretodo costosos, y el hecho de que una institución como la Comisión Europea decida poner en juego millones de euros subraya por lo menos dos puntos importantes acerca de estas investigaciones. El primero es la confirmación, una más, de cómo la investigación científica, mucho antes de servir al “progreso de la humanidad”, sirve al poder. De hecho un proyecto prácticamente idéntico existe tanto en China como en EEUU. El correspondiente estadounidense se llama BRAIN Iniciative (donde la sigla Brain significa Research through Advancing Innovative Nanotechnologies) y está financiado también por la DARPA, la agencia de investigación para las tecnologías militares. Con respecto a que los dos proyectos están separados, se han prometido ayuda recíproca, y si bien el proyecto europeo tenía la apariencia de una finalidad exclusivamente “civil”, está claro que en la actual sociedad esta distinción es un completo pretexto. En la sociedad actual, donde la guerra es sólo uno entre muchos instrumentos a disposición de la economía para ampliar los mercados, una ventaja en la carrera hacia el desarrollo Hi-Tech tiene su peso en el tablero del ajedrez mundial , incluso cuando no es un desarrollo militar. En segundo lugar es evidente, pero ni mucho menos una novedad, la relación de simbiosis economía e investigación científica. Tras el programa FET de la Comisión Europea queda claro que el objetivo de poner en juego una cantidad de dinero semejante no es sólo para garantizar a Europa una superioridad tecnológica en el campo de las neurociencias, sino también para dar un acelerón a la transformación en aplicaciones tecnológicas capitalizables de todo aquello que la investigación sobre bío y nanotecnologías ha desvelado a los investigadores como conocimientos “teóricos”. Se entiende entonces porqué dentro del proyecto está previsto un nivel para una fundación privada (en Suiza, donde tiene sede el proyecto) encargada de explotar las oportunidades comerciales que emergen del HBP.

El cerebro fuera de la cabeza

La mente detrás de este proyecto se llama Henry Markram, profesor y director del laboratorio de microcircuitos neurales en el Politécnico Federal (EPFL) de Lausana y fundador del Brain Mind Institute. En el 2005 EPFL adquiere a precio reducido el super ordenador “made in IBM” Blue Gene/L y lo pone a disposición de Markram para poder dar inicio a una investigación que desde hacía tiempo les rondaba en la cabeza, el Blue Brain Project, o en otras palabras la reconstrucción artificial de la columna cortical de un ratón, para poder mapear después cualquier tipo de neurona y sus conexiones dentro de la columna. Pero el verdadero sueño de Markram es otro, el de reconstruir pieza a pieza  dentro de un ordenador, nada más y nada menos que el cerebro humano. Lanzarle al superordenador de nueva generación (siempre desarrollado e instalado por IBM, y a su vez inspirado en el funcionamiento de nuestro cerebro) la enorme cantidad de informaciones generadas por las neurociencias, para llegar a una máquina que reproduzca el cerebro humano a todos los niveles, de las neuronas individuales a las funciones cognitivas principales. Un trabajo de titán y que consiste en la recogida de una enorme cantidad de datos procedentes de hospitales y universidades. Después éstos serán compilados y amontonados en el interior del superordenador BlueGene/Q Lemanicus, la nueva joyita que Markram ha visto poner a su disposición. Es así que el Proyecto Blue Brain de esta forma da un paso adelante  y se hace, en el 2012, el Proyecto Cerebro Humano, presentándose a candidato y venciendo la financiación FET.

En este punto el Human Brain Project se convierte en un proyecto coordinado por el Politécnico Federal de Lausana y que implica 112 institutos de investigación y universidades, por la mayor parte de Europa, pero también en Canadá, China, Argentina y EEUU, por un total de 24 naciones implicadas. Su sede principal, en un primer momento situada en Lausana, cerca del campus Neuropolis con las financiaciones del Cantón de Vaud y de la firma de relojes Rolex, en un año se mueve a Ginebra, dentro de un establecimiento en desuso de la farmacéutica Merck Serono y adquirido por los emprendedores Ernesto Bertarelli y Hansjoerg Wyss, el antes CEO de Serono  y el segundo  fundador de Synthes y del Centro Wyss para la Bío- y la Neuro-Ingegnería. Los dos sueñan con crear aquí un “silicon valley” en lo que respecta a las biotecnologías, atrayendo industrias y starts-up entorno al campus que hospedará a la firma HBP.

En esta carrera hacia el cerebro, donde Europa y EEUU se juegan la primacía en las neurociencias, Italia no ha querido faltar a la cita, y entre los archivos de los institutos implicados en este súperproyecto destacan varias “excelencias” del “bello país”.

Primero de todo, ya que más que de un cerebro entendido humanamente, aquí se habla de superordenadores, participa el Cineca, el consorcio de Casalecchio de Reno (con sede también en Milán y Roma) que reagrupa cerca de 70 universidades de todos los países ofreciendo sus súpercalculadoras a la comunidad científica en el ámbito de la simulación numérica y la visualización científica. El LENS (el Laboratorio Europeo para la Espectroscopia No-linear) de Sesto Fiorentino, junto a la universidad de Florencia se ocuparán de desarrollar un tomógrafo óptico capaz de reconstruir la red del cerebro entera en un nivel muy detallado. La universidad de Pavía, en colaboración con el IRCCS Mondino, tratarán de desarrollar un primer modelo realista del cerebelo que irá integrado en el modelo de cerebro que saldrá del Human Brain Project. Y también el Laboratorio de Neurociencias Computacionales de Palermo, el Instituto de Ciencias y Tecnologías Cognitivas de Roma, el Politécnico de Torino y el Sant’Anna de Pisa.


La Gran Ciencia

El proyecto Human Brain tiene en sí mismo todas las características de la definida como “Big Science”: un proyecto que trata de recoger y elaborar una infinidad de datos que requiere un staff enorme, grandes laboratorios y máquinas caras y que se hace posible sólo por ingentes financiaciones. Condiciones éstas que cualquier científico esperaría para su propio ámbito de investigación, pero que se hace realidad sólo en el momento en que el sistema entreve una prioridad (o urgencia) en el desarrollar un cierto sector económico. El nacimiento de la “Big Science” está habitualmente asociado con el proyecto Manhattan, es decir el proyecto estadounidense para el desarrollo de la bomba nuclear en los años 40. Desde ese momento se inició una mutación en lo que era la relación entre ciencia y sociedad, donde el gobierno se convierte en el jefe y patrón de la ciencia generando un cambio en el carácter mismo de la institución científica. Si antes de ese momento los científicos debían saberse hacer a sí mimos para llevar a cabo sus investigaciones, de las que pocos descubrimientos encontrarían después una aplicación, desde este momento en adelante las investigaciones vendrán siempre encargadas por gobiernos, instituciones y, más recientemente, por las multinacionales convertidas en parte de la oligarquía. No más “artesanos de la ciencia”, sino empleados, científicos reclutados. O sea, una especie de proceso de industrialización de la ciencia.


Obviamente no es necesario decir que en un primer momento, poco después de la guerra, los sectores que más desarrollo encontraron por el emerger de esta nueva “Gran Ciencia” fueron la astronomía y la física, ambos sectores estratégicos por lo que era la situación histórica en relación a la guerra fría. Sin embargo, en los últimos decenios los sectores que están hallando más impulso en este tipo de investigación son las ciencias naturales, y en particular las ciencias de la vida. Si en un primer momento, del nacimiento de esta “Big Science”, la necesidad fue desarrollar la cohetería y las telecomunicaciones por satélite, en línea con la prioridad de los tiempos, hoy la necesidad a la que la ciencia debe responder, es la supervivencia del sistema mismo. La ingenierización del viviente, para afrontar las repercusiones sobre el ser humano y sobre el resto de la naturaleza que los cambios inducidos por la sociedad industrial han provocado, además de la investigación de nuevos "recursos" para tirar adelante la máquina industrial, para alimentar el sistema.


Y si el Proyecto Genoma Humano fue un esfuerzo “a lo grande” para identificar y mapear todos los genes del genoma humano (tanto desde el punto de vista físico como de sus funciones), en una era en que la manipulación genética ya no es presentada como posibilidad sino como necesidad, el Proyecto Cerebro Humano se propone llegar a entender el funcionamiento de la que puede ser vista como la sede de todo lo que se define como pensamientos, emociones o recuerdos de lo vivido.


Si bien en la base de esta investigación hay la cantinela típica de la "investigación de base" y de la "importante contribución a la investigación médica" (ya convertida en una especie de rito mágico), dadas las premisas de la sociedad en que vivimos y que se concreta sobre el control, la manipulación y la explotación, se puede intuir bien cómo el "acceso al conocimiento del funcionamiento del cerebro" es sólo un eufemismo para entender la posibilidad de abrir más la manipulación de este órgano. Y si es verdad que las enfermedades neurodegenerativas tocan ya a un segmento importante de la población y van en constante aumento, la respuesta de que la única solución real es tratar de adaptarnos (al son de los fármacos, terapias genéticas, regeneraciones de tejidos) a un ambiente que la sociedad industrial ha vuelto ya nocivo, es de lo más engañoso y perverso. El desarrollo de nuevas tecnologías que podrían resultar de esta investigación está en el centro de esta financiación millonaria. Y la seguridad de que estas tecnologías tendrán sólo usos civiles no es nada asegurado, imaginando cómo una mayor capacidad de desciframiento del cerebro humano puede jugar un rol “revolucionario” en la sociedad de la coerción que las bío y nanotecnologías están permitiendo aplicar, como ya se ha explicado en otros sitios.

Como siempre al final queda la cuestión de siempre en suspenso: ¿qué hacer de estas noticias? ¿y qué podemos hacer contra esto? Estamos hablando de una investigación científica más entre miles de mierdas que se tiran adelante en los laboratorios de medio mundo. Personalmente creo que tener un ojo puesto sobre el caudal de noticias publicadas sobre “descubrimientos milagrosos”, “invenciones excepcionales” y “nuevas investigaciones de las mil y un promesas” no es nada más que las informaciones que contienen, útiles para averiguar quién, dónde y cómo se lleva a cabo en "nuestra" ciudad el progreso tecnocientífico. Sobre lo que se puede hacer en su contra, también discutiendo con otrxs compañerxs sale a flote la sensación de que a fuerza de hablar de lo que “están haciendo” en los laboratorios, de nuevos desarrollos, etc, se corre el riesgo de alienarse en la inmovilidad al tenerse que comparar con cosas percibidas como lejanas e inaccesibles, dentro de una universidad o lugares de investigación periféricos, en el guión de un desarrollo casi incomprensible, para nada lineal y absolutamente molecularizado. En su lugar, ante nosotros la realidad ya nos abofetea con todo cuanto, en la normalidad de lo cotidiano, permite el funcionamiento de la megamáquina: infraestructuras del transporte, de las comunicaciones, del aprovisionamiento energético, las primeras tentativas que surgen de “ciudad inteligente”, con las redes informáticas que permiten su administración. Mirar adelante, a lo que el sistema tecnocientífico está preparando y en las direcciones en que nos quieren arrastrar es importante. Sin embargo la realidad para atacar en las luchas es la actual, la que ya experimentamos.

Billy

Notas:
1 ITFoM, acronimo de “Information Technology Future of Medicine”, http://www.flagera.eu/?q=itfom
2 FutureICT Knowledge Accelerator and Crisis-Relief System, www.futurict.eu/



Extraída y traducida de: L’Urlo della Terra, número 3, Septiembre 2015

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